Escuela Bíblica
Con el auspìcio
del Arzopispado de Buenos Aires y
CERTIFICADO OTORGADO POR LA FACULTAD DE TEOLOGIA DE
LA U.C.A.
(ver detalles
aquí)
INSCRIPCIÓN
PARA EL CICLO 2010 concertar entrevista en Febrero al telefono al 4923-2548
Recogiendo
una ya extensa experiencia docente de más de veinte años
en la enseñanza de la Biblia, realizada en la casa de
las Religiosas de Nuestra Señora de Sión en Buenos Aires,
un grupo de profesores presentamos a continuación la Escuela
Bíblica Nuestra Señora de Sión. Su característica
más sobresaliente será ofrecer una formación exclusivamente
bíblica, metódica y sistemática, cimentada en la orientación
abierta en la Iglesia Católica por el Papa Pío XII (Divino
Afflante Spiritu), corroborada y profundizada desde
el Concilio Vaticano II (Dei Verbum) en adelante
y afianzada por el reciente documento de la Pontificia
Comisión Bíblica La interpretación de la Biblia en
la Iglesia, del pasado 15 de abril de 1993.
La siguiente exposición contiene:
1. Los fundamentos de
la Escuela Bíblica. Sus características y objetivos.
2. La Escuela Biblica en continuidad con
el carisma de la Congregación de Nuestra Señora de Sión.
3. El curriculum de materias, el plan de estudios y su implementación. Los Requisitos de los futuros alumnos.
FUNDAMENTOS
1. EL PUEBLO DE DIOS Y LA BIBLIA.
El pueblo de Dios se fue constituyendo como tal, a
medida que fue viviendo su fe e interpretando el mensaje de Dios que se
hacía palabra en su historia. Más tarde, en los comienzos de la
monarquía de Israel, surgieron los primeros escritos que buscaban
legitimar la identidad, la historia y la tradición del pueblo que había
optado por Yahvé como su único Dios.
A partir de allí, la historia del pueblo y la
escritura serán inseparables. Ambas se iluminarán mutuamente. Los
escritos se transformarán en el testimonio de fe del pueblo que, a lo
largo de su historia, irá descubriendo
la presencia y el actuar de Dios. Cada texto es leído desde una nueva
situación en una constante actitud de resignificación de sentido. La
Biblia, memoria del pueblo de Dios, se transforma en su más fiel
testigo y, al mismo tiempo, en el criterio de juicio válido para
evaluar la vida y la moral de ese pueblo.
Este espíritu estuvo presente también en los
primeros tiempos de la Iglesia, que veía en los textos del pasado un
anticipo y una promesa de Cristo. En este sentido, la Iglesia volvió a
resignificar los textos bíblicos, aplicando a Cristo aquello que veía
más conveniente para iluminar la fe y crecer en ella.
El pueblo de Israel en primer lugar y la comunidad
cristiana después, reconocieron en las Escrituras el testimonio de fe
más valioso en el cual apoyarse. Porque, gestadas por el pueblo desde
la fe, se las reconoció como la misma palabra de Dios dirigida al
pueblo.
2. EL CONCILIO VATICANO II.
Toda la historia de la Iglesia estuvo marcada
por una constante lectura de la Biblia como palabra de Dios. Desde los
primeros Padres, con sus diversos métodos de interpretación (alegórico,
literal, y otros), hasta las interpretaciones más espirituales de los
santos y fieles, la Biblia no dejó de inspirar la vida de los
cristianos y de gestar movimientos que buscaran mayor fidelidad al
mensaje que transmite.
En estos últimos tiempos, y a partir del Concilio
Vaticano II, se ha dado un nuevo impulso a la lectura de la Biblia como
alimento fundamental para la vida de los cristianos. El hecho de
dedicar una Constitución Dogmática sobre la Revelación, con un capítulo
dedicado a la Sagrada Escritura como lugar de la revelación, manifiesta
que la Iglesia se hace eco de los esfuerzos de numerosos teólogos y
biblistas que ya, desde hacía tiempo, habían asumido la Biblia como
lugar de investigación al servicio de la teología.[1]
Por otra parte, la Biblia comienza a ser estudiada
utilizando las ciencias modernas y las nuevas técnicas de lectura e
interpretación, pasando a ser, de esa manera, un objeto propio de
estudio y no solo un elemento auxiliar de la teología. Por este motivo
se deberá cuidar el modo de acercarse a ella, haciéndolo
científicamente y con la ayuda de ciencias auxiliares.[2]
3. EL DOCUMENTO DE LA PCB LA
INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA EN LA IGLESIA.
Casi
treinta años después del Concilio, el
15 de abril de 1993, la Pontificia Comisión Bíblica
da a luz un documento llamado La Interpretación
de la Biblia en la Iglesia. En él se dan
pasos muy importantes siguiendo las orientaciones de
la constitución Dei Verbum.
El documento hace una extensa presentación de
algunos métodos, acercamientos y lecturas de la Biblia, presentando, en
cada uno de ellos, sus valores positivos y sus riesgos. A la hora de
encontrar los sentidos de un texto bíblico, la Comisión Pontificia
reconoce que, junto al método histórico-crítico del que no se puede
prescindir, deben utilizarse los métodos hermenéuticos, con el objeto
de tornar más claro el mensaje contenido en la Biblia. Al considerar
que la Biblia “es en sí misma interpretación”, es
indispensable un proceso de interpretación, respetando al mismo tiempo
su origen y el sentido que ella misma tiene. La lectura fundamentalista
es considerada inadecuada.
Todos los miembros de la Iglesia deberían tener la
oportunidad de interpretar la Biblia. Por eso es importante que se
multipliquen los centros de estudio y de formación bíblica, para que la
interpretación sea el producto de un trabajo serio.[3] Además, el
Documento insiste en la necesidad del estudio y la formación junto con
una mejor difusión de la enseñanza a través de diversos medios (clases,
publicaciones, grupos bíblicos, centros de estudio, etc.) y la
actualización de los contenidos que “se hacen sentir de un
modo apremiante”.[4]
4. LA NECESIDAD DEL PUEBLO DE DIOS.
A
partir del Concilio Vaticano II —y un poco antes—
el movimiento bíblico ha dado pasos tan importantes
y trascendentes, que ya se lo considera un movimiento
propio que está dando grandes frutos en las comunidades
eclesiales. Además de formar a los fieles en
el aspecto individual, ha generado numerosos grupos,
asociaciones, centros de estudio y especialización,
todos ellos con el único fin de “conocer
más la Biblia” para interpretarla mejor
y así llevarla a la vida. También son
numerosos los libros, periódicos y publicaciones
que tienen como objetivo principal la difusión
de la palabra de Dios sin contar, además, el
crecimiento de las traducciones y versiones del texto
bíblico.
Todo ello manifiesta el deseo actual que tiene el
pueblo de Dios de conocer y comprender la Biblia. Por esa razón no
deben ahorrarse esfuerzos de parte de la Iglesia, para que la enseñanza
de la Biblia llegue cada día a mayor cantidad de fieles. La
multiplicación de centros, escuelas de investigación y de enseñanza
bíblica colabora para que el pueblo de Dios se capacite y esté
dispuesto a “dar razón de su esperanza”, superando cualquier lectura
fundamentalista y evitando desvíos espiritualistas u horizontalistas.
5. LA NECESIDAD DE UN LUGAR CALIFICADO
PARA EL ESTUDIO Y LA INVESTIGACIÓN BÍBLICA.
Por todo lo expuesto, consideramos
necesario en el contexto de la Iglesia argentina, la creación de un
centro o escuela en donde converjan docentes calificados y capacitados,
se intercambien conocimientos y trabajos, y donde se pueda acceder
fácilmente a una orientación bibliográfica para los que deseen
emprender un trabajo más profundo de investigación o estudio. Todo ello
con el objetivo de crecer en el amor a la Palabra y en el conocimiento
de la misma.
La tarea intelectual es ardua y, muchas veces,
árida y solitaria. La existencia de un lugar convocante no solo puede
ser estimulante para realizar esa tarea, sino también tentadora para
los docentes e investigadores, testigos vivos de la solidaridad
intelectual.
6. LA ESCUELA BÍBLICA NUESTRA
SEÑORA DE SIÓN.
La Escuela Bíblica Nuestra Señora de Sión,
en la Arquidiócesis de Buenos Aires, tiene los siguientes objetivos:
- Brindar
una formación bíblica sólida, con contenidos actualizados y docentes
reconocidos por su capacidad y trayectoria en el ámbito de la
investigación y la docencia bíblicas.
- Promocionar
los estudios bíblicos como un desafío de trabajo en la unidad, ya sea
en el seno de la Iglesia Católica como así también entre las otras
confesiones cristianas y las grandes religiones monoteístas.
- Compartir
los esfuerzos de investigadores, docentes y estudiosos de la Biblia.
- Ofrecer
la posibilidad de acceder a bibliografía especializada y actualizada en
Biblia a la que el pueblo de Dios pueda recurrir para enriquecer sus
conocimientos.
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LA PEDAGOGÍA SIONENSE
1. ORÍGENES E INSPIRACIÓN
Los orígenes de la Congregación de las Religiosas
de Nuestra Señora de Sión encuentran sus raíces en la ciudad de
Estrasburgo, donde nació, en 1802, Teodoro Ratisbonne, en el seno de
una familia judía bastante influyente. Educador nato, ya al comienzo de
su juventud se dedicaba a la educación en una escuela para niños
judíos, que había fundado su padre. Estudiante inquieto, Teodoro
buscaba el sentido de la vida. Ayudado por una gran educadora de la
época, Louise Hummann, Teodoro va encontrando respuesta a sus preguntas
y a los 24 años encuentra a la persona de Jesucristo. Descubre en las
Escrituras el amor de Dios por el pueblo, el pueblo de Israel: “Los
diversos sentimientos de Jesucristo están siempre vivos en la Iglesia.
Entre esos sentimientos, existe uno del que sois la garantía: hablo del
amor que Jesucristo tenía por el pueblo de Israel.”[5]
Veinte años más tarde, el 20 de enero de 1842, en
Roma, su hermano menor, Alfonso, a raíz de una aparición silenciosa de
María, recibe el don de la fe cristiana. A la luz de la palabra de
Dios, Teodoro interpreta esta señal de María y, apoyado y estimulado
por su hermano, funda en 1843, la Congregación de las Religiosas de
Nuestra Señora de Sión. “Dios que nos inspiró estos
sentimientos y que nos dio esta hambre y sed de la salvación de Israel,
dará también, cuando llegue el momento, fecundidad a nuestra obra.”[6]
La inspiración del P. Teodoro se encarnó
espontáneamente en la educación. Sus obras estaban abiertas a todos los
medios y a todas las religiones: judíos, musulmanes y cristianos de
diferentes confesiones. Dentro de la enseñanza católica de la época era
una perspectiva innovadora, porque la gran exigencia del P. Teodoro
estaba contenida en esta frase: “Permanezcan firmes en la fe
sin pretender imponerla a los demás”.
Durante más de cien años, las religiosas de Nuestra
Señora de Sión vivieron su vocación, sobre todo en las obras de
educación. Después de la Shoah, es decir, la
exterminación sistemática de los judíos durante la guerra de 1939-1945,
y la promulgación de la declaración Nostra Aetate,
fruto de la reflexión del Concilio Vaticano II, la Congregación toma
una conciencia más profunda de los llamados y desafíos que contiene el
carisma recibido de Teodoro Ratisbonne: “Dar testimonio en la
Iglesia y en el mundo de la fidelidad de Dios a su amor por el pueblo
judío y para apresurar el cumplimiento de las promesas concernientes a
judíos y gentiles.”[7] A partir de ese momento los
compromisos apostólicos se diversifican, pero la educación continúa
siendo este el lugar privilegiado para vivir y transmitir el carisma de
Teodoro Ratisbonne.
2. EL CARISMA.
“El carisma otorgado a Teodoro
Ratisbonne es un don continuo del Espíritu a la Iglesia. A la luz del
movimiento ecuménico y de los acontecimientos de nuestro tiempo,
principalmente de las experiencias vividas por el pueblo judío, y al
reflexionar sobre su origen y su misión, la Iglesia ha vuelto a
descubrir sus raíces en la revelación de Dios a Israel.”[8]
La vocación de la Religiosas de Nuestra Señora de
Sión se caracteriza por el lugar central que se le da a la Palabra de
Dios en sus vidas. “Por medio de su Palabra, Dios nos revela
su Nombre y su voluntad de Redención para el mundo. El Espíritu nos
hace descubrir el vínculo que existe entre los acontecimientos
concretos de la vida y esta Palabra: los acontecimientos hacen que la
Escritura nos interpele y la Escritura nos revela el sentido de los
acontecimientos y de la existencia humana.”[9]
Desde el inicio de la Congregación, la expresión
del carisma incluye dos polos: la relación con el pueblo judío y la
esperanza en el cumplimiento de las promesas para toda la humanidad.
Esto quiere decir que el carisma incluye al mismo tiempo un compromiso
para con lo “particular” que es el pueblo judío y un compromiso con lo
“universal” que es toda la humanidad. Cuando Teodoro Ratisbonne expresó
la vocación de Sión en estos términos, estaba profundamente enraizado
en la palabra de Dios en la que encontró “inspiración y
llamado apostólicos.”[10] Si
observamos la palabra de Dios en las Escrituras, vemos que esas dos
orientaciones se encuentran unidas, forman una sola realidad. En
Abraham, Dios llamó a una persona particular y, a través de ella, a un
pueblo particular. Pero desde el comienzo la bendición apuntaba a “todas
las familias de la tierra.”[11] Este tema es
retomado constantemente en las Escrituras: Israel está llamado a una
cierta manera de vivir, a una vida según la Torá y, al vivirla, Israel
es testimonio del Dios ÚNICO y “luz de las naciones”[12].
Según el proyecto de Dios para el mundo, Israel —por vocación— no se
puede cerrar sobre sí mismo, por el contrario, se vuelve hacia toda la
humanidad.
La unidad de esta doble orientación se convierte en
una realidad en la persona de Jesús de Nazaret. Como judío, vivió
plenamente la particularidad de su pueblo. Después de su resurrección,
hombres y mujeres de todas las Naciones son llamados a entrar en la
Alianza de Dios. Así se realiza concretamente la dimensión universal de
la vocación de Israel. Desde el comienzo, lo “particular” y lo
“universal” son indisociables y la unidad de esta doble orientación fue
confirmada definitivamente en la persona de Jesús.
Escuchar cómo el pueblo judío interpreta las
Escrituras y la historia, puede ayudarnos a penetrar mejor “el
acontecimiento Jesucristo” y sus consecuencias e invitarnos a la
conversión. Por otro lado, la escucha cristiana del judaísmo y del
pueblo judío puede interpelar a los mismos judíos a profundizar su
compromiso de alianza con Dios. Este encuentro a partir de una mutua
escucha, de un diálogo, puede estimular, al mismo tiempo, a los judíos
y a los cristianos en lo que se refiere a una mayor fidelidad de sus
respectivas vocaciones.[13]
En consecuencia, por la naturaleza misma del
carisma y vocación de la Congregación de Nuestra Señora de Sión, por la
experiencia del itinerario recorrido desde la fundación de la misma, y
porque el carisma otorgado a Teodoro Ratisbonne continúa siendo un don
continuo del Espíritu a la Iglesia, consideramos que la Escuela
Bíblica, se encuentra en sintonía con el carisma congregacional y
responde a una necesidad real de nuestro medio y época.
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CURRICULUM DE MATERIAS
1. FUNDAMENTACIÓN.
El diseño del curriculum de
materias que pretenda vertebrar el plan de estudios de una Escuela
Bíblica es una tarea compleja, porque el objeto de estudio es la
Biblia, es decir, el libro que judíos y cristianos consideran sagrado y
fuente de su experiencia religiosa. En efecto, la Sagrada Escritura es,
sobre todo, el testimonio de la progresiva captación en el tiempo,
sobre quién es Dios para unos y otros, y sobre su designo para la
humanidad.
Últimamente la tradición cristiana ha insistido con
mayor claridad, que la estructura esencial de la revelación divina “se
realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que
Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la
doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las
palabras proclaman las obras y explican su misterio.”[14] Ello no es producto de una exigencia humana, sino fruto de la
condescendencia divina.[15]
En armonía con este dinamismo esencial de la
revelación, la misma Constitución Dogmática establece el modo adecuado
de acceder a las fuentes de esa revelación y, en particular, a la
Sagrada Escritura. Dado que “Dios habla en la Escritura por
medio de hombres y en el lenguaje humano, por lo tanto, el intérprete
de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe
estudiar con atención lo que los autores querían decir y Dios quería
dar a conocer con dichas palabras (...) El intérprete indagará lo que
el autor sagrado dice e intenta decir, según su tiempo y cultura, por
medio de los géneros literarios propios de su época.”[16]
En el campo de la investigación bíblica, esta tarea
se está llevando a cabo, especialmente mediante el método conocido como
“histórico-crítico”.[17] El Documento de la Pontificia
Comisión Bíblica reconoce explícitamente su validez: “El
estudio diacrónico continúa siendo indispensable para captar el
dinamismo histórico que anima la Sagrada Escritura, y para manifestar
su rica complejidad.”[18] Los
principios fundamentales de este método son los siguientes:
- Es un
método histórico, no solamente porque se aplica a
textos antiguos, sino también y sobre todo, porque procura dilucidar
los procesos históricos de producción del texto bíblico, procesos
diacrónicos a veces complicados y de larga duración. En las diferentes
etapas de su producción, los textos de la Biblia se dirigen a
diferentes categorías de oyentes o de lectores, que se encontraban en
situaciones espacio-temporales diferentes.
- Es un
método crítico, porque opera con la ayuda de
criterios científicos tan objetivos como sea posible en cada uno de sus
pasos (de la crítica textual al estudio crítico de la redacción), para
hacer accesible al lector moderno el sentido de los textos bíblicos,
con frecuencia difícil de captar.
- Es un
método analítico que estudia el texto bíblico del
mismo modo que todo otro texto de la antigüedad, y lo comenta como
lenguaje humano. Sin embargo, permite al exégeta, sobre todo en el
estudio crítico de la redacción de los textos, captar mejor el
contenido de la revelación divina.
El método y los criterios que lo sustentan han
guiado la elaboración del siguiente curriculum. A
partir de allí se ha tenido en cuenta:
1º. La necesidad de acceder a un conjunto de saberes auxiliares, como
requisitos indispensables para una compresión de la Sagrada Escritura
que pretenda seguir el itinerario propuesto por el método
“histórico-crítico”.
2º. La organización del plan de estudios en seis etapas, determinadas
cronológicamente por el desarrollo de la historia del Oriente próximo
entre el primer milenio antes de Cristo y los siglos I y II de la era
cristiana.
3º. El estudio de la literatura canónica (y, en algunos casos,
extracanónica) en conjuntos relacionados estrechamente con los
distintos momentos históricos del Israel bíblico.
2. PLAN DE ESTUDIOS: Seis cuatrimestres.
DISCIPLINAS INTRODUCTORIAS::
-
REVELACIÓN
- INSPIRACIÓN – CANONICIDAD
-
ISRAEL
DENTRO DEL ORIENTE PRÓXIMO ANTIGUO: GEOGRAFÍA Y ARQUEOLOGÍA
SIRIO-PALESTINENSE.
-
MÉTODOS
EXEGÉTICOS Y HERMENÉUTICA.
-
IDIOMAS
(hebreo y griego bíblico)
LA
PRIMERA ACTIVIDAD HISTORIOGRÁFICA EN ISRAEL (Historia.
de la subida de David al trono : I Sam 16-II Sam 7 - Historia de la
sucesión del trono de David: II Sam. 9-I Re. 2; las tradiciones J y
E).
EL
FENÓMENO PROFÉTICO I: Antecedentes y profecía del siglo VIII a. C.
(Amós;
Oseas; Isaías; Miqueas).
LA
OBRA DEUTERONOMISTA (Deuteronomio
y Josué-Jueces-Samuel-Reyes).
EL
FENÓMENO PROFÉTICO II: La última etapa del reino de Judá
(Sofonías,
Nahum; Habacuc; Jeremías)
y la profecía en Babilonia (Ezequiel;
II Isaías).
LA
HISTORIOGRAFÍA SACERDOTAL (La
tradición P y la formación del Pentateuco; la obra Cronista).
LA
PERSPECTIVA UNIVERSALISTA (Rut
y Jonás)
y LA LITERATURA DIDÁCTICA (Tobías;
Judit; Ester).
EL
FENÓMENO PROFÉTICO III: Los años de la restauración (Ageo;
Zacarías 1-8; III Isaías)
y los últimos testigos de la profecía (Abdías;
Joel; Malaquías; Zacarías 9-14).
LA
HERENCIA DE LOS SABIOS DE ISRAEL I (Proverbios;
Job)
y LA LITERATURA POÉTICA (Salmos;
Cantar de los Cantares)
LA
HERENCIA DE LOS SABIOS DE ISRAEL II (Eclesiastés;
Eclesiástico; Sabiduría).
LA
HISTORIOGRAFÍA MACABEA (I
y II Macabeos).
LITERATURA
PARA-TESTAMENTARIA Y QUMRÁN
EL
CRISTIANISMO NACIENTE: Contexto
de la época; “Corpus paulinum”
LAS
TRADICIONES SOBRE JESÚS (Marcos;
Mateo; Lucas-Hechos; Juan; Hebreos; Apocalipsis).
LA
VIDA ECLESIAL (I-II
Timoteo; Tito; Santiago; I-II Pedro; Judas y I-II-III Juan).
INTRODUCCIÓN
A LA EXÉGESIS PATRÍSTICA
El
proceso de estudio culmina con la preparación, presentación y
defensa de una monografía final, guiado/a por un/a profesor/a de la
Escuela.
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DISTRIBUCIÓN
DE LAS MATERIAS
Primer año:
HEBREO BIBLICO I (en marzo, intensivo)
HEBREO BIBLICO II
GRIEGO BIBLICO I
ISRAEL DENTRO DEL ORIENTE PRÓXIMO ANTIGUO: GEOGRAFÍA Y ARQUEOLOGÍA SIRIOPALESTINENSE.
MÉTODOS EXEGÉTICOS Y HERMENÉUTICA
REVELACIÓN – INSPIRACIÓN – CANONICIDAD (cf. Dei Verbum)
LA GRAN HISTORIA DEUTERONOMISTA
EL FENÓMENO PROFÉTICO I.
EL FENÓMENO PROFÉTICO II
Segundo año:
GRIEGO BIBLICO II (en marzo, intensivo)
HISTORIOGRAFIA SACERDOTAL Y MACABEA
LA PERSPECTIVA UNIVERSALISTA. LA LITERATURA DIDÁCTICA
EL FENOMENO PROFETICO III
LITERATURA PARATESTAMENTARIA Y QUMRAM
LA HERENCIA DE LOS SABIOS DE ISRAEL I
LA HERENCIA DE LOS SABIOS DE ISRAEL II
EL CRISTIANISMO NACIENTE (San Pablo)
LA FORMACION LITERARIA DEL PENTATEUCO
Tercer año:
LAS TRADICIONES SOBRE JESÚS I (Marcos; Mateo; Lucas-Hechos)
LAS TRADICIONES SOBRE JESÚS II (Juan)
LAS TRADICIONES SOBRE JESÚS III (Hebreos)
LAS TRADICIONES SOBRE JESÚS IV (Apocalipsis)
LAS VIDA ECLESIAL I (Cartas Pastorales y Cartas Apostólicas)
LA VIDA ECLESIAL II (Cartas de Juan)
INTRODUCCIÓN A LA EXÉGESIS PATRÍSTICA
REQUISITOS
Quienes deseen participar del curso organizado por
la Escuela, deberán contar con título secundario.
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LUGAR,
DÍAS Y HORARIO
La
sede de la Escuela Bíblica funciona en Av. Directorio
440, Capital Federal.
Correo electrónico para inscripción e informes: informes@sion.org.ar
Los cursos son dictados los días miércoles
y jueves en el horario de 18,00 a 21,00 hs.
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ALGUNOS
PROFESORES DE LA ESCUELA BIBLICA
- Gabriel
M. Nápole
- Aldo
Ranieri
- Eduardo
de la Serna
- Claudia
Mendoza
- Hugo
Safa
- Santiago
Rostom Maderna
- Eleuterio
Ruiz
- Luis H.
Rivas
- Ricardo
Pietrantonio
- Felipe
Doldán
- Constanza
Levaggi
- Andrea
Hojman
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EQUIPO
RESPONSABLE
- Director: Lic. José Luis D'Amico.
- Secretario
Académico: Dr. Gabriel M. Nápole.O.P.
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[1] Concilio Vaticano
II, Constitución Dogmática “Dei Verbum” 24.
[3] Pontificia
Comisión Bíblica, La interpretación de la Biblia en la Iglesia,
III B.3.
[5] Tres
retiros para religiosas, p. 84.
[6] Carta a Louise
Weywada, 25/11/1856.
[7] Constituciones,
art. 2 – 1984.
[13] Cf. Fundamentos
bíblico y teológico del carisma, Jerusalén 1992.
[14] Concilio
Vaticano II, Constitución Dogmática “Dei Verbum” 2.
[17] Si bien hoy
acuden otros métodos y acercamientos a la Escritura que, trabajando
complementariamente, ofrecen resultados muy fecundos para su
interpretación.
[18] Pontificia
Comisión Bíblica, La interpretación, I A.4. En el
mismo párrafo se valora también la inclusión en el método de un
análisis sincrónico de los textos.
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